El destino me mira a la cara y aparta la mirada. La penumbra de calles oscuras me envuelve en su negro manto. Son mis pasos errantes, signo de corazón perdido, que no encuentra ya tus ojos, que no encuentra ya el motivo.
Sombras que me atrapan, que me envuelven en negro ocaso. Languidas figuras de largos brazos y afiladas garras, negras criaturas de tu ausencia, que traicioneras y no invitadas, en la intimidad de mi soledad, me arañan.
jueves, 25 de diciembre de 2008
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